Mi primera reflexión en pandemia

Al inicio de esta pandemia, en una video llamada con un ser querido que vive lejos, conversábamos del tema de la enfermedad que nos asedia y nos tiene atemorizados desde sus inicios. De pronto nos dijo con la más absoluta sinceridad y entusiasmo, que estaba disfrutando este momento. Sin pensarlo lo tildamos de “tiene que estar loco”. Era inentendible, absurdo para nuestras mentes, específicamente para mi madre y para mí, que alguien fuera capaz de experimentar tal sensación en medio de tanta desgracia. No se respaldaba su tesis en el no entendimiento del peligro real de la humanidad. Realmente, por primera vez él disfrutaba la compañía total y absoluta de su hijo que, aunque vive en Cuba, lo sorprendió la cuarentena visitándolo en su hogar.

Sólo ahora, pasados casi 6 meses de encerramiento con un entorno aún más complicado para mi país en pleno rebrote del temido coronavirus, es que comprendo su sentir. Justo cuando ya dejas de vivir en tu realidad anterior, cuando la vida te obliga a detenerte en el camino, en el silencio y la aceptación de la nueva vida, descubro que, a pesar de la tristeza que nos embarga globalmente, muy dentro de ti es posible buscar un disfrute en algo que ni sabías eras capaz de sentir.

En mi caso, he sido una mujer que, por mi manera de ser, mi actitud ante la vida, casi nunca he estado sola. En mi día a día, casi siempre me acompañaban mi familia, amigos, vecinos. Decía que no tenía tiempo para aburrirme porque entre tanta cháchara, cafés hasta 6 veces o más en una jornada, estaba plena de comunicación. Llegó el encierro batallando por la opción más inteligente de quedarme en casa, limitar las visitas, compartir más por el teléfono, internet y todas las vías que no conllevaran al contacto directo con las personas y así cumplir con el aislamiento social.

Al principio parecía la tarea titánica, muy difícil, no me imaginaba sin ese ruido externo que por años me acompañó. Y para mi asombro y placer descubrí que el temor a aburrirme, mi personalidad inquieta que no se detiene, y el sosiego me permitieron descubrir que también podemos disfrutar en estas condiciones. Hay placeres que por lo agitado y con la rutina de la vida ni tan siquiera logras imaginar.

Pues declaro, como mi querido amigo, que estoy disfrutando el momento. No me es ajeno el dolor de muchos que han perdido la batalla contra esta enfermedad, pero decidí alejarme un tanto de las noticias y centrarme más en mi yo interno. Descubrí que puedo hablar conmigo misma, empezar a conocerme más y tratar de entenderme a mis 56 años. Gracias a la magia de la internet que utilizada para bien es un mar de conocimientos, le estoy sacando partido a las enseñanzas de esos doctores del alma que han estudiado a fondo temas importantísimos pues se basan en la espiritualidad del ser humano. Me refiero entre otros a mi admirada psicóloga chilena Pilar Sordo y al argentino español Jorge Bucay. Quiero seguir descubriendo y apoderarme de tantas herramientas valiosas que ofertan para acompañarnos en este largo y misterioso camino de entender las emociones, aprender a dominar aquellas que no nos ayudan mucho y exaltar esas que te elevan y te permitan vibrar alto. A la vez, esta actitud nos ayuda a levantar nuestro sistema inmunológico y por tanto estar mejor preparados para enfrentarnos al “bichito de la corona”.

Estoy tan motivada que ya me inspiro a escribir textos, algo pendiente que sabía deseaba hacer hace tiempo y nunca encontraba el silencio y la calma para ello. Me surgen a cada instante ideas nuevas, complementando mi nuevo vicio que es el tejido a crochet que también agradezco a la red de redes, volcaré mi entusiasmo en reflexionar desde la escritura sobre temas que me cautivan, a pesar de que escribir no es mi profesión. Pero me dejo arrastrar por la pasión y el entusiasmo y tal vez con eso descubra que todavía me quedan nuevas maneras de disfrutar en este mundo real, donde si te dejas llevar por lo negativo terminaremos seguro ya sin coronavirus (porque confío en que la vacuna llegará), pero creyendo que perdimos el año 2020. Si te lo propones, puede ser que, para la serenidad necesaria en el camino de aprender a ser feliz, este sea el mejor de tus momentos.

Por: Cristina Hormilla Castro

16/08/2020 01:20 pm

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