De los privilegios más preciados que la vida me ha regalado, sin dudas, atesoro mi tierra amada: la ciudad de Holguín, recurrente en todos mis recuerdos. Además de su particular belleza, hay algo más que la envuelve: sus habitantes, en su mayoría cultos y emprendedores constituyen el alma de mi pueblo.
Emociones gratificantes, amistades que perduran en el tiempo, la sensación de libertad al caminar por sus calles… son las cosas que me hacen vibrar y dedicarle estas palabras, a pesar de que hace 31 años que no vivo allí.
En una visita reciente al viejo barrio, hoy convertido en centro cultural y comercial quedé enamorada de La Plaza de la Marqueta y del Centro de Arte Provincial, ejemplos que denotan el buen gusto de su renovación. El boulevard de la calle Libertad invita al paseo y a la relajación. Las heladerías típicas, como el Guamá, remodelado y con sabores deliciosos, siguen siendo parte de ese encanto. Disfruté de variadas ofertas culturales y gastronómicas con mucho agrado.

Es un lugar donde el espíritu encuentra fácilmente su elevación. Parques de ensueño: el Calixto García, emblemático para mi generación, ese donde los jóvenes dábamos vueltas las noches de los sábados. En sus bancos muchos hicimos nuevas amistades y descubrimos los primeros amores. El parque San José, el de las Flores, entre otros, son la materialización de lo que añoramos quienes nos hemos alejado. La vida sosegada, el buen trato, las sonrisas inesperadas en el camino… son pequeñas cosas que alimentan la existencia.
Valoren, pues, lo que tienen. No es tan común. Y, pese a todos los estereotipos creados, no tantos holguineros desean emigrar a la capital.

Menciono lugares emblemáticos: La Loma de la Cruz, el Mirador, el Valle de Mayabe, la Casa de la Trova, el Museo de la Periquera, el teatro Eddy Suñol, la biblioteca Alex Urquiola, las hermosas playas de Guardalavaca y Pesquero… son solo ejemplos de una diversidad que satisface disímiles gustos; la magia cultural es inagotable.
Mis hijas, que no nacieron allí, aman la ciudad y sueñan con visitarla más a menudo. Cuando me acompañan, las descubro deslumbradas ante la variedad de paisajes y la humanidad que se respira.

No por azar es mi ciudad sede de importantes eventos culturales internacionales: las Romerías de Mayo, La Fiesta Iberoamericana… celebraciones que reciben visitantes y que, al igual que a mí, les tocan el corazón.

Jamás dejo de visitar la que fue mi escuela primaria, “Menelao Mora Morales”, hoy convertida en Secundaria Básica. Tan sólo mirarla me transporta a aquellos tiempos en que jugábamos en su portal a la hora de la entrada. Aún siento el olor de los dulces polvorones, como si estuviera impregnado en sus paredes. En sus aulas imagino al profe Fernando, a Maura Leypin, Olga Pupo, Teresita… maestros de genuina vocación que, además de enseñarme materias, me inculcaron valores que aún conservo y agradeceré toda mi vida.
Deseo que jamás se detenga el avance de mi querido Holguín. Que nada frene su entusiasmo ni sus ganas de hacer. Nunca me he sentido una holguinera ausente. Allí estoy, en cada ser que me quiere y me extraña. Mis amigos y mi familia son el puente que me mantiene atenta a cada suceso.
Guardo como un tesoro la belleza de mi gente y mi esencia. Por siempre estaré orgullosa de mi ciudad natal.
Por: Cristina Hormilla Castro
26/09/2020

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