Coronavirus, la palabra más repetida, buscada en las redes y más triste de la humanidad de estos tiempos.

Por designios del destino, la cola diaria de una de las tiendas escogidas para vender alimentos en esta barriada de Luyanó donde vivo es precisamente mi cuadra. Soy testigo diario de las aglomeraciones, “discusiones y descontrol de esa imaginaria fila que nunca llega a ser así a pesar de “los agentes del orden” designados. No quiero hablar de la escasez, esa ha existido, existe y existirá por buen rato. No albergo otra esperanza. Mi reflexión está en la responsabilidad individual con la vida de cada persona. Ese “yo” que nos debería llamar a la cordura en el intento de sobrevivir, si es posible, a esta enfermedad.
Cada día aumenta más las cifras de contagiados y no sólo en Cuba, en el mundo entero. Estamos en pleno rebrote epidémico, descrito que será y ya lo es, peor que la primera oleada.
Entonces, quiero detenerme en la responsabilidad de la familia. Yo veo ahí ancianos, muy vulnerables, no todos sin familia, que son los que como históricamente han sido los que se encargaban de llevar el plato a la mesa, hoy están apretados, disgustados, al sol durante horas, con un gran riesgo de contaminación. No es justo. Todos los que podamos proteger a nuestros mayores hagámoslo.
“El pollo” es el insigne de los productos. Es necesario y más ahora alimentarnos, pero lo que comamos que no sea en la balanza inclinada para el lado del riesgo tan grande a enfermar de Covid-19. Si hicieran un PCR aleatorio en algunas de esas colas, seguro encontrarán muchos de esos casos en los que “no se conocen la fuente de infección”.
Un día erré pensando en que todos deberíamos releer ahora “El diario de Ana Frank” o aquellos textos sobre los judíos en los campos de concentración, los que estuvieron escondidos encerrados en sótanos por años sin las mínimas condiciones, intentando sobrevivir. Después recapacité porque no estamos en la misma época y las lecturas son instructivas, pero no se viven igual en la memoria, que en la realidad de la época actual. Pero yo apelo al recuerdo de los que aún estamos vivos y sobrevivimos al “Período especial”, todavía con más carencias y aquí estamos para contar el cuento. Magos nos volvimos elaborando recetas desconocidas, y en ocasiones un plato de arroz con “sin nada” fue el plato del día. Lógicamente no quiero que esto pase nuevamente, pero hay que sacar lecciones del pasado, pongamos a funcionar la imaginación y alarguemos los ingredientes del menú. Si antes nos comíamos una posta, ahora vamos a tener que hacer el pollito ripiado si lo conseguimos. No hay de otra porque pienso que lo que se avecina va a ser más fuerte.
No hablo de gobiernos, de sistemas, hay que dejar de fantasear. Nos tocó vivir esta epidemia en Cuba y no en otro lugar, quitémonos el “sueño mágico”, no creo que mejoremos pronto.
Ya la lucha no es de política ni de aquí ni de allá, los que tenemos como yo un hijo o hija en el extranjero que nos ayudaba económicamente ya no encuentra vías de hacerlo y hay que seguir resistiendo y cuidándonos. Ya ni tener dinero resolverá el tema.
Veo las personas con muy poca percepción del riesgo. Ojalá se dieran cuenta que tantos números y tantas tasas de letalidad, no concientizan a las personas, hay que contar y mostrar historias reales. No es necesario decir nombres, pero sí ver casos palpables de cómo una sola persona infectada contagió a tantas. Aquí hay buenos profesionales capaces de narrar visualmente esa realidad para que llegue más, quizás de ese modo los jóvenes, sobre todo, entienden más el tema.He escuchado historias cercanas de amigos contactos de casos positivos que inmediatamente son recluidos en centros de aislamiento y la incertidumbre, el miedo, se apodera de ellos. No pueden conciliar el sueño en el mejor de los casos que no hayan sido contaminados. Son duros momentos. La Covid no es un juego. El que dice “Al que le tocó le tocó”, a lo mejor tiene algo de certeza, pero evitar siempre que se pueda, cumplir las medidas que todos conocemos puede ayudar. Nos hemos relajado. Es lógico el cansancio, el período de vida es nuevo para todos los seres humanos del planeta. Pero están los de la primera línea, los médicos, las enfermeras, todos los que trabajan en los hospitales y policlínicos y ahí están exponiéndose más que nosotros para salvar vidas. Hay países mucho peores, estuve tres años en África y cada vez que pienso en esa enfermedad allá se me oprime el corazón. Cuántos morirán. Es muy duro.
Mi consejo, aterricemos, bajemos de la nubecita, de la alfombra de Aladino. Aquí abajo hay Covid, una enfermedad que mata y en países más desarrollados que el nuestro, con mejores situaciones económicas, los hospitales han colapsado. Al ritmo que vamos no hay sistema hospitalario que aguante esta avalancha de pacientes. A lo mejor estamos a tiempo. Las fotos que nos envían a veces por wasap de las tiendas en otros países con los circulitos en el piso que marcan el distanciamiento es allá, no aquí. La marca la tienes que poner tú en cada actividad social que por obligación tengas que participar, dígase ir a un mercado, a la bodega, a una farmacia.
Veo vecinos que porque tiene carros particulares y se pueden mover libremente, inclusive en ocasiones con niños, piensan que están a salvo, visitan familiares y amigos con frecuencia. Para mí eso, en vez de consideración a los demás por tanto que los extrañamos, se llama indolencia. Llegó el momento de cambiar actitudes, si las macetas de la casa están lindas con matas decorativas, hay que ir pensando en aprovechar esa tierrita y si quieres que tu comida tenga algo de sabor empieza a sembrar orégano, cebollinos, espinaca en ellas. Se dan bien, hay videos en internet de guía. Los deliciosos condimentos acostumbrados estarán perdidos por buen tiempo. Se lo digo que funciona, ya lo he hecho y sazoné mis frijoles con hojitas de mis maticas.
Mi hija hace unos días me comentó muy conscientemente “Mamá, hay que aprender a vivir con Covid”. Y yo no lo veo así, con la manera de contagio de esta enfermedad ninguna sociedad podrá vivir normalmente, somos seres sociales y la comunicación es imprescindible. La nueva normalidad muy diferente a la que vivimos antes de la pandemia seguro llegará, pero faltan sufrimientos que pasar, personas que se irán para siempre y ni como pesadilla podrán recordar estos tiempos. Sólo lo solucionará la vacuna esperada que llegará, pero no tan rápido.
Ahora la fuerza interior de cada persona debe enfocarse en cuidarse todo lo que pueda, prepararse todavía más por si una situación más compleja aparece.
A mi gente querida que disfruta en otras provincias las fases 2, 3 o cualquier otra, no pierdan la perspectiva, no se descuiden, ya sé que andan sin máscaras y es legal. Tal como lo veo, qué le importa a un ser humano las fases cuando se trata de una guerra contra un enemigo invisible que tira bombas silentes y ante el mínimo descuido te ataca. Taparnos la boca, la nariz, no duele, no hinca, es un hábito que debemos incorporar por un tiempo los seres humanos por el bien de todos. Imaginémoslo como una nueva moda y pongámonos a tono con ella.
No me gustan las consignas, pero “Quedarse en casa” es la frase más sensata en estos tiempos.
Por: Cristina Hormilla Castro

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