🎙️ Antes de leer, te invito a escucharme.
Una breve reflexión en mi propia voz para acompañarte en estas páginas.
Todos los seres humanos nacemos con uno a varios talentos. Lo importante es descubrirlos y desarrollarlos. Esa capacidad o aptitud que tenemos para aprender determinadas cosas con facilidad o realizar con destreza una actividad debería ser identificada, preferentemente, desde la infancia.
Los padres debemos estar atentos y, desde los primeros años de vida de nuestros hijos, agudizar la mirada para reconocer esas habilidades que, a veces, se manifiestan en pequeños detalles. Tan pronto descubramos sus inclinaciones, procuremos brindarles el apoyo, las condiciones y los medios necesarios para desarrollarlas. Si a un niño le gusta, por ejemplo, dibujar, regalémosle lápices de colores, acuarelas y otras herramientas que alimenten su interés y le permitan mejorar sus trazos. El estímulo y el reconocimiento de sus primeras obras contribuirán a reafirmar su entusiasmo.
Descubrir el talento desde la infancia
Recuerdo con agradecimiento y placer el apoyo que mi madre me brindó durante la infancia en cada una de las actividades en las que ella vislumbraba un posible talento. Como yo no tenía miedo escénico, supo reconocer en mis deseos de recitar poesías, cantar, bailar y actuar para la familia una inclinación hacia la actuación.

Desde pequeña, me incentivó a cultivar esa pasión. Entre sus regalos más frecuentes estaban los libros infantiles de teatro y cuentos, que poco a poco, me fueron acercando a ese mundo. Así, casi sin darme cuenta, comenzaba a cumplir mi sueño.
Siendo todavía una niña, trabajé como locutora y actriz en varios programas infantiles de radio y televisión. Mi hogar se convirtió en una casa de cultura, entre ensayos de obras y lecturas de libretos. El ruido y las risas infantiles daban un colorido maravilloso a la casona de la calle Martí 110, en Holguín.
Y es que traer un hijo al mundo implica mucho más que garantizar su alimentación y educación. Es también el compromiso de acompañarlo y ayudarlo a realizarse como persona, sobre todo durante las primeras etapas de su vida.
Yo traté de cumplir ese compromiso con mis hijas, aunque quizás exageré un poco. A Helen, mi hija mayor, la matriculé en clases de piano, baile español y gimnasia. Pretendía acercarla a diversas manifestaciones que contribuyeran a su enriquecimiento personal y, quien sabe, quizás descubrir alguna pasión. Pero ninguna de aquellas actividades logró atraparla.
La lectura, en cambio, le robaba las horas. Si la perdía de vista, enseguida la encontraba arrinconadita, con un libro en la mano. Alimentar ese entusiasmo, proporcionarle lecturas adecuadas a su edad y acompañarla en sus descubrimientos fue nuestra contribución familiar a su desarrollo. Desde muy pequeña encontró el encanto de la literatura y hacia ella dirigió su talento. Con el tiempo se convirtió en una profesional de las letras, una escritora que, a pesar de su juventud, ya es autora de varios libros, y defiende con vehemencia su obra.

Claudia, por su parte, también recorrió diversos escenarios. Participó en talleres infantiles de ballet clásico, bailes populares y españoles, así como en grupos de teatro. Fue una experiencia apasionante, porque descubrió su talento para la actuación. Sin embargo, terminó inclinándose, al igual que su hermana, por la lectura y las letras. Se convirtió en una lectora empedernida y comenzó a escribir poemas y textos de gran profundidad. Actualmente estudia Periodismo.

El talento y el esfuerzo
Ante la pregunta de si solo es posible triunfar en algo cuando se posee talento para ello, pienso que no. Sin dudas, contar con una aptitud natural para determinada actividad representa una ventaja, pero el empeño y el deseo de alcanzar una meta también pueden llevarnos muy lejos. Quizás nos tome más tiempo y nos exija mayor esfuerzo, pero cuando existe un verdadero interés acompañado de dedicación, podemos lograr cosas que parecían inalcanzables.
En ocasiones, quienes poseen un talento especial, pero no se esfuerzan por desarrollarlo, terminan quedándose en el camino. Desaprovechan ese don que la naturaleza le ha regalado. Mientras tanto, otros, sin esas mismas facilidades, se enamoran de lo que hacen y avanzan con ahínco. Aprenden a apreciar cada logro porque saben cuánto les ha costado alcanzarlo. Creo que, mientras más difíciles son los caminos que recorremos, más valoramos lo que conseguimos al final.
Lo veo así: quien posee un talento natural y sabe aprovecharlo es como si subiera a las alturas en elevador. Quien necesita desarrollar sus habilidades a fuerza de empeño también puede llegar a la cima, solo que debe subir por las escaleras. Al final, ambos pueden alcanzar la misma meta, aunque el recorrido y el esfuerzo hayan sido diferentes.
Me encantaría que en nuestro país se tomara más en serio, desde las instituciones educativas, la búsqueda de talentos. No albergo dudas de que muchos niños y niñas pasan inadvertidos entre la multitud, por el simple hecho de que sus habilidades no son descubiertas a tiempo. Además del apoyo familiar, considero indispensable la existencia de programas educativos destinados a identificar, estimular y desarrollar esas capacidades
Los maestros deben afinar ese “ojo clínico” que les permita reconocer las aptitudes sobresalientes de sus alumnos, orientarlos y brindarles las oportunidades necesarias para desarrollarlas.
Cuando escucho expresiones como “¡Qué buen médico, actor, maestro, carpintero!”, enseguida pienso en personas que desempeñan su profesión con una habilidad especial. No todos los profesionales alcanzan el mismo nivel de excelencia. Quienes sobresalen suelen combinar sus aptitudes con el amor por lo que hacen, la dedicación y el empeño por superarse. Hasta para ser un buen dirigente hace falta talento. La capacidad de comunicarse, escuchar y relacionarse con los demás resulta indispensable para ejercer eficientemente esa responsabilidad.
Nunca es tarde para descubrir un talento
Nunca es tarde para descubrir nuestros talentos. A cualquier edad podemos sorprendernos al reconocer habilidades que ni siquiera sospechábamos poseer. Lo importante es no dejarlas escapar, aprovecharlas y disfrutar de lo que somos capaces de hacer.
La vida es hoy, y empeñarnos demasiado en el futuro puede hacernos perder oportunidades que tenemos delante. A veces, sin previo aviso, las circunstancias nos llevan a intentar algo nuevo y descubrimos, con asombro, que podemos hacerlo muy bien. A mí, en particular, me sucedió este año con las manualidades. Ni remotamente me imaginaba capaz de pasar horas tejiendo a crochet, inventando nuevos diseños, haciéndolo con agilidad y experimentando un goce interior exquisito.
La vida no deja de sorprendernos. A veces descubrimos facetas de nuestro “yo” que permanecían escondidas, esperando el momento justo para revelarse. Sería una lástima desperdiciar semejante regalo. El talento está a veces dormido, hasta que una pequeña llama lo despierta.
El orgullo de acompañar sueños
No quiero terminar sin mencionar, con orgullo, a algunas amigas y amigos que supieron descubrir los talentos de sus hijos desde sus primeros pasos. Los acompañaron, sacrificaron buena parte de su tiempo y se esforzaron incansablemente para ayudarlos a desarrollar sus habilidades.
Mis respetos y felicitaciones a mi querida amiga Gloria. Su hijo Harold nos asombró desde pequeño con su talento para la pintura. Gran pintor al óleo, hoy crea hermosas obras sobre la piel. Vive en Argentina, donde se ha convertido en un excelente y reconocido tatuador.
Gladita y Néstor fueron padres incansables en el ir y venir para apoyar a su pequeña bailarina, Ana Yansi. Su talento y dedicación la llevaron a entregarse con pasión al baile. Hoy es una feliz profesora de danza en España.
Liancy fue otra madre a la que nunca venció el cansancio cuando se trataba de acompañar a su hijo Lorenzito a sus entrenamientos y partidos de béisbol. Desde pequeño demostró excelentes condiciones para el deporte.
También recuerdo a Ofe con su Angélica, una virtuosa de la música, y a Elio con su princesa bailarina.
Podría mencionar muchos más. Padres que no sólo estuvieron atentos al descubrimiento de los talentos de sus hijos, sino que los estimularon y acompañaron para que superaran obstáculos y encontraran su propio camino. Hoy nos muestran sus logros con legítimo orgullo.
¡Descubramos y potenciemos nuestros talentos a cualquier edad! Recuperemos el tiempo que dejamos pasar sin mirar dentro de nosotros mismos, sin descubrir nuevas capacidades o despertar aquellas que permanecen dormidas. Nunca es tarde para intentarlo. Pocas cosas son tan maravillosas como sentirnos plenos.
Por: Cristina Hormilla Castro
07/09/2020

Amiga mientras leia, me viene a la mente el reproche de Cointica que no la dejé ir al programa Cantandole al Sol por yo no tener tiempo. A ella le gusta mucho cantar.Es una de las cosas que me pesan, pero ya no tiene remedio. Realmente lo lamento mucho. Al menos logré que se graduara como profecional, veremos si en un futuro logra desarrollar ese talento un poco oculto. Un beso
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Coin no te reproches eso, la vida es complicada para las madres más que tú tenías dos a la vez. Si el talento está verás que busca el momento oportuno para disfrutarlo. Gracias por leer siempre mis escritos. Te quiero amiga.
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