Un simple bostezo, reflejo incondicional, ayer al despertar causó que mi mandíbula en la zona izquierda se montara. Sólo recuerdo un dolor que me asustó. Después de realizar varios movimientos, logré que volviera a su lugar. Se me inflamó un poco. Cuando ya tenía preparado mi desayuno, llegó la sorpresa desagradable: no podía masticar. ¿Alternativa? Todo el día a líquidos y comidas batidas.
Hoy decidí, a pesar del temor por de la COVID-19, ir a un médico para que me valorara. Con todas las precauciones necesarias, nasobuco, gel de mano, acudí al cuerpo de guardia del Hospital “Miguel Enríquez”. Allí me recibió en su consulta el Dr. Pedro, especialista en máxilo facial, que me atendió generosamente y con mucha profesionalidad.
Después de escuchar mi relato sobre lo que había sucedido, el Dr. se levantó a buscar una hoja de papel en blanco. De inmediato, estaba yo recibiendo una explicación muy clara, acompañada de dibujos de huesos, articulaciones de la zona, que me permitieron entender lo acontecido. Con qué paciencia y deseos de ser simple en sus palabras este médico me transmitía, en forma breve, muchos años de estudio del tema de la articulación de la mandíbula. No por gusto escuchamos decir que en cada cubano hay un médico. Es que en la mayoría de las ocasiones nos encontramos doctores que no se limitan a recetarnos medicamentos e indicarnos un método. Hacen lo posible para que vayamos entendiendo los misterios de nuestro cuerpo que ellos dominan tan bien. He ahí una grandeza innegable que tenemos, que a veces extrañamos tanto cuando estamos en otros países.
En mi caso, todo pasó, quizás porque con los años, nuestras articulaciones sufren un desgaste natural. Sobre todo las mujeres, cuando entramos o pasamos la etapa de la menopausia, empezamos a producir menos estrógeno. Además yo tenía defectos en “la mordida”, que como consecuencia de un bostezo, se había movido de lugar. Por suerte no hubo complicaciones. Pero las palabras pronunciadas: “Y para que sepa, de ahora en lo adelante Ud. debe evitar reír a carcajadas, la boca se abrirá sólo a niveles de sonrisas, y qué decir del descanso necesario que haga que se levante recuperada del sueño, y así disminuir esos movimientos bruscos que pudieran provocarle los bostezos”.
Una puñalada al corazón: NO REÍR LIBREMENTE.
Si hubiese presentido esto, hubiera reído mucho más, sin reprimir nunca las carcajadas en el momento deseado. Dejar que esas emociones positivas que se manifiestan con la risa no se contuvieran nunca.
De todo se aprende, mírense en mi espejo, aprovechen mientras puedan cada instante para reír, la risa sana, la risa nos da placer, viene aparejada de entusiasmo y ganas de vivir.
Nos vamos poniendo viejos, llegan poco a poco las limitaciones.
A mí siempre me ha gustado ser vanguardia en muchas cosas, pero esta vez este vanguardismo de mi cuerpo para ir envejeciendo no me está gustando nada. Porque me quedan muchas cosas por vivir, debo ir modificando actitudes y cuidarme más.
Otro ejemplo, meses atrás, en plena faena culinaria, comencé a ver del ojo derecho hilos de sangre que volaban como en una película 3D. El susto del siglo, pensé enseguida en un desprendimiento de retina. Humos negros revoloteaban de un lado a otro. Corrí al médico, la gran ventaja de vivir cerquita de un hospital. Resulta que tenía un “Desprendimiento del Vitrio”. Yo ni sabía quién era ese señor “Vitrio” que vivía en mi cuerpo. Nuevamente muchas explicaciones del tema por el médico. Resulta que es una sustancia que tenemos en el complejo sistema visual con alguna determinada función, que está como guardado en un saquito y con los años -de nuevo la palabra envejecimiento- se va desprendiendo poco a poco, porque esa bolsita se va abriendo. En mi caso que soy tan avanzada en estos menesteres, se salió todo de golpe, abruptamente brotó el líquido, lo normal es que ocurra despacito.
Al sentirnos la mente joven, nos entusiasmamos y hacemos a veces ejercicios que no siempre están acorde con la realidad del cuerpo. Así que no se asusten si alguna vez empiezan a ver manchitas negras, mosquitas, puntitos que se mueven en la vista, ese es el “vitrio” que va saliendo, como debe ser. No afecta en nada la visión, desaparecen las molestias con el tiempo. No es una enfermedad, es el proceso lógico del envejecimiento del ojo.
Entonces, no hay de otra, hay que aprovechar el tiempo, cada minuto vale. La juventud es un tesoro. Por lo general nuestro cuerpo nos responde y podemos disfrutar al máximo nuestras pasiones.
Por suerte el cerebro a veces reacciona diferente. Hoy a pesar de mis 56, mi mente acumula muchas vivencias, experiencias y yo corro a contárselas, aunque sea por este medio, por si acaso se le ocurre jugarme una mala pasada.
¡A reír, a disfrutar, a mirar todo lo lindo del universo, no lo dejen para luego!
Por Cristina Hormilla Castro
30/08/2020

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