
Varias amigas y amigos me han comunicado por estos días, encontrarse en fuertes crisis emocionales asociadas a la nueva realidad. Esta terrible pandemia nos ha movido el piso a todos. Cada ser humano tiene límites individuales de adaptación, pensamientos disímiles y situaciones específicas. A todos les doy la misma respuesta:
- ¡Pide ayuda!
- ¿Quién me podría ayudar si todos estamos tocados de la misma manera?
- ¡No!, hay siempre medios que contribuyen a facilitarnos un poco las cosas. Intento explicarles tal como lo siento.
Ayudar a una persona proporciona un placer extraordinario para el que realiza la acción. Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos necesitado una mano amiga que nos acompañe y coopere con nosotros en determinada tarea. Tan importante resulta estar dispuesto a socorrer en una situación específica al necesitado, como que la persona que reciba el auxilio esté también presta a abrir los brazos y aceptar la ayuda.
Hay quienes se cierran en caparazones duros, casi impenetrables, y aun sintiendo que algo los ahoga, se tornan incapaces al reclamo de apoyo. Tonta actitud. Somos humanos, fuertes y frágiles a la vez. La vida es compleja, en ocasiones se torna difícil, más para unos que para otros. No vale encerrarse en mutismos. Afuera hay amigos, familia, capaces de brindarnos su apoyo. Quizás ni se han percatado, en su particular y diario bregar, de tu necesidad. No deberíamos dar paso al orgullo y la vanidad, que nada nos impida aclamar, comunicar nuestro sentir.
Es falso el sentimiento de poder siempre solos con todo. La vida es una ruleta, unas veces estamos arriba, otras abajo. Las amistades verdaderas, las que te quieren bien, jamás esperan nada a cambio. No hay favores que pagar. El desinterés es la clave de una verdadera amistad. Los humanos estamos llamados a contribuir entre nosotros, en grado superlativo cuando circunstancias tan impredecibles e intemporales nos asedian como hoy. Dar es mucho más placentero que recibir, oportunidad ideal para elevar nuestra riqueza del alma.
En los días tan diferentes que vivimos, silenciosos por fuera y ruidosos por dentro, la colaboración entre todos nos salvará de la tragedia mayor. Estamos navegando en el mismo barco, sin distinciones. No valen las jerarquías.
Como nación nos ha caracterizado la solidaridad, la hermandad, la hospitalidad. Los cubanos somos familiares, amamos nuestra tierra y a sus personas. Llegó la circunstancia precisa para demostrarlo. No hay que esperar a recibir la petición de ayuda cuando se ve en ocasiones tan obvia. Si coincidimos con alguna persona de edad avanzada y ésta carga una jaba pesada, adelantémonos en brindar nuestro apoyo y con gusto liberarlo de ese peso. Seamos amables con los discapacitados. Cuánta grandeza en una acción que los ayude a cruzar una calle si lo precisan, o, permitirles una compra adelantada en una tienda, evitándole el excesivo cansancio que ya de por sí padecemos los que estamos en mejores formas físicas. ¿Por qué esperar una ley, una orden que legisle acciones tan obvias entre los seres humanos?
La psiquis de muchos está tambaleándose hoy. Se hacen frecuentes las crisis emocionales. En conversación telefónica hace unos días con una amiga que quiero mucho, me decía, que estaba deprimida, sin ánimos de nada, con mucha ansiedad. Al escuchar esa mezcla de vivencias, confusiones en las prioridades que exige el momento, y sobre todo la tristeza que la está acompañando, le sugerí que buscara ayuda profesional. Todas las especialidades médicas son importantísimas. Basta tener un problema de cualquier índole nosotros, y empezar a entender lo imprescindible que es una determinada rama. Pero, la “Psicología” y la “Psiquiatría”, en la etapa actual, realzan su función. Son los doctores de la mente, esa que anda medio perdida para tantos ahora mismo. Ellos tienen las técnicas, los métodos adecuados. Saben diferenciar cada historia en específico. Hacia ellos hay que dirigirnos. No tomar medicamentos para los nervios indiscriminadamente, es una práctica habitual entre los cubanos, nos recetan a veces los vecinos por algo que les funcionó a ellos, y nosotros corriendo a tomarlo. Es algo personal, puede que no nos resulte bien. Hay que adelantarse en las etapas, si sentimos que nos están faltando los mecanismos para seguir, y, no sabemos cuánto tiempo aun nos quede en el encierro, deberíamos disponernos ya y acudir a terapias psicológicas.

Les cuento mi experiencia, quizás a alguien le ayude.
Cuando comenzó el tema de la COVID-19, el riesgo tan grande que conlleva, fundamentalmente para las personas más envejecidas, decidí irme a convivir con mi mamá. Yo le cogí terror a la enfermedad, me atiborraba de noticias, aquellas iniciales tan estrepitosas, no se sabía mucho del tema. Imágenes desgarrantes en la TV mostraban la realidad de países como Ecuador que me paralizaban. Le transmití sin pretenderlo toda mi ansiedad a mami, en vez de calmarla yo le generaba más. Al punto que ella se descompensó, dormía mal, hasta le subió un día la presión. Gracias a la llamada rápida que hicimos a un amigo psiquiatra, Israel Facundo, al que agradezco hoy y siempre, su paciencia, en larga conversación, una terapia a distancia magistral, logramos entender nuevas conductas a seguir y salimos las dos de esa crisis.
Por otra parte, comencé a seguir en Internet a psicólogos que están apoyando y compartiendo reflexiones magníficas de ayuda en estos temas, que me han proporcionado una visión diferente de la vida actual. Liberar pensamientos negativos, vencer el miedo, herramientas de adaptación que resultan positivas. Resalto la manera de decir y llegar a su público de la chilena Pilar Sordo, en un ambiente intimista y con frases sencillas está transmitiendo tips para vencer la tragedia de las emociones negativas generadas. Compartimos entre amigos lo que vamos aprendiendo, descargamos los videos y libros de autoayuda.
Ya actualmente estoy en mi casa, mi madre y yo decidimos mantenernos en nuestros hogares, cada persona tiene el rinconcito preferido para sus espacios. Las llamadas telefónicas constantes nos hacen sentir cerca. Lo mejor que pudiera recomendar es no identificar este tiempo como parada, hay que reinventarse, quizás los primeros aburrimientos sean positivos. Por temor a la rutina y al encierro, me reinventé y me puse a escribir. Hoy me descubro apurada terminando las tareas domésticas, lista a enredarme en la lectura de libros que me ayuden en este nuevo empeño. ¿Quién me diría hace unos meses atrás que disfrutaría leyendo libros de técnicas periodísticas? Yo les aconsejo que busquen alguna nueva motivación que les anime.
Los que podamos ayudar a alguien de forma emocional y práctica debemos hacerlo hoy más que nunca. Motivé a mis amigos Omar y Naldy un día hasta para hacer una cola juntos y salir a comprar pollo, sumamos a otros y como un comando de amigos acurrucados, vencimos, regresamos con comida para un periodo, al menos. Sentirnos juntos bastó para perder un poco el miedo y cuidarnos entre todos. La unión y el amor es básica para los tiempos en que caminamos.
No tengo dudas, las emociones negativas también se vencen. Si nuestra mente enferma, el cuerpo también. Es lo más importante para mantener una buena salud física. La mente sana acompaña en lo general a un cuerpo sano.
Yo a veces he sentido una molestia física en una determinada parte de mi cuerpo. Llegan mis amigos, comienzo a conversar de lo que sea, me río, chachareo, y, ¡Uffff, la sorpresa! ¿Dónde está el dolor? ¡Ya se fue!

Recuerden, si no encuentran solitos la llave para resolver problemas de emociones, sin penas ni tabúes, acudan al psicólogo. Al menos llamen a los amigos, compartan sus preocupaciones, comuníquense, desahóguense, es muy necesario. Esos de verdad, siempre estarán ahí para escucharlos y ayudarlos.
La familia que está encerradita en casa como debe ser. Los ojos y los oídos bien atentos, prestos a detectar al más vulnerable, abrazarlos más que nunca. ¡No al distanciamiento emocional! El que necesitamos es el físico en el mundo exterior. Dentro del hogar, todo lo contrario. ¡Unámonos, ni un milímetro de distancia para el alma de la familia!
Por: Cristina Hormilla Castro

Gracias Cristy, por estas palabras tuyas!!! Muy benas para los tiempos que corren. Un abrazo!!!!
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Gracias por tu lectura. Importante ayudarnos entre todos. Corren tiempos muy difíciles. Un abrazo.
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