Nacemos dentro de un nido, cuando aprendemos a volar y crecemos, necesitamos construir el nuestro.
¿Podremos lograrlo solos?
En nuestro país, a pesar del empeño, se torna muy difícil alcanzarlo. La situación de la vivienda es uno de los grandes problemas que entorpecen el normal curso y desarrollo de la vida. A diferencia de las aves, que pueden escoger libremente el árbol para anidar, nosotros requerimos tener la base, los cimientos para empezarlo.
¿Quién pudiera ayudarnos en este intento?
Sería lo más sensato si esa primera colaboración la proporcionaran los padres que tuviesen la posibilidad de hacerlo. Muchos ni con los mejores deseos pueden ofrecer nada material a los suyos porque no lo han podido lograr en su andar. Me refiero a los que por no renunciar a ciertas “comodidades”, se envuelven en sentimientos egoístas alegando razones erradas de lo que implica darle sentido lógico y natural a la existencia, distorsionando el concepto de felicidad. No dudamos del amor que les profesan a sus hijos, aun así, los llevan a situaciones desagradables que afloran cuando se llega a la adultez sin perspectivas de realizar el sueño de cada ser humano de tener un techo propio. Independientemente de sus conductas correctas en cada etapa, estudios cumplidos, es imposible acumular fondos para comprar ni alquilar una casa. Si esperan a tenerlo para crear sus propias familias, quedaría la idea sólo en el pensamiento. Resulta importantísimo educar y criar a los hijos en el marco de un hogar adecuado. No se debe interpretar el deseo de independencia como no amor a los padres. Las generaciones deben ocupar espacios diferentes en función de nuevas costumbres, estilos de vida, nada cuestionables. Al final todas saldrán ganando.
¿Por qué si amamos a nuestros hijos no estamos dispuestos a ceder algo material que contribuya a su felicidad?
Esos seres, a los que más adoramos, necesitan que renunciemos a veces a un poco de confort. El amor es puro desprendimiento, goce de dar, colaboración. Hay frases como: – Que esperen a que ya no esté, después que hagan lo que deseen con ” la casa de la familia”. Incluso si vivimos en amplias residencias, con varios dormitorios, quizás ya inhabitados o tal vez saturados por las descendencias. Diferentes rumbos marcados por las realidades encaminan a los queridos. Unos se van a vivir agregados a otras casas de parejas, otros emigran buscando soluciones a su vida, y lo más común, esos que se ven precisados, traen a su esposa o esposo a convivir con sus padres, salvo algunas excepciones, se complica la armonía del hogar. Aparecen las quejas de perder tranquilidad y sosiego cuando más lo necesitan. Me cuestiono, ¿era evitable? Sí, para los que teniendo la posibilidad de ofrecer un espacio no lo hicieron. Al pasar el tiempo, viene el lamento. Muchos divorcios son consecuencia de la falta de privacidad e independencia de los cónyuges.

La falsa idea de proporcionar herencias cuando llegue el momento de la partida, es en mi opinión, nada gratificante. Ya no podremos observar la maravilla de ese regalo. Las innumerables emociones positivas, el placer de poder ver cómo construyen su presente y futuro nuestros hijos y nietos ayudados en algo por los padres, es el mejor obsequio que nos podamos hacer a nosotros mismos. No lo hagamos tarde, se trata de un corto tiempo el que estaremos por acá en esta señora Tierra que nos acoge como visitantes. No podemos cargar maletines ni casas a la hora de partir. Por el contrario, con tristeza observamos cómo si no fuimos capaces de planificar la distribución de las herencias materiales, acarreamos nuevos conflictos en la familia por el hecho de no regalar a tiempo hasta simples prendas y alguna que otra cuenta bancaria. Prevenir adversidades y ofrecer en su momento sería una buena opción.

La mejor de las herencias posibles es el legado que dejamos. El recuerdo asociado al amor, la admiración, la complicidad, entre otras, es el incalculable tesoro que nos llevamos a otras dimensiones.
Recomiendo intentar comprender el significado de actitudes que puedan contribuir a la desesperanza, la sensación de inseguridad, manifestaciones de rebeldía que pueden llevar a los hijos a tomar decisiones equivocadas.
Cuando la vejez se acerca, la soledad nos golpea, añoramos estar rodeados de amor. Es el único y verdadero regalo que nos hará descansar en paz. La entrega de los otros dependerá de cuánto fuimos capaces de ofrecer en el camino. En los finales, más que nunca, necesitamos paz y miradas agradecidas. Si ofrecimos comprensión, acompañamiento y bondad, nunca nos faltarán besos, caricias y mimos. Recibiremos esos brazos que nos guiarán, hombros para apoyarnos, cuando ya la vitalidad y las fuerzas comienzan a escasear. Sin duda los hijos amados dulcemente retornarán al primer nido del que volaron, está vez cargados de más afectos para ofrecernos.

Agradezco a mi madre por el regalo a tiempo de mi primera casa, sin dudas, elemento indispensable en mi crecimiento personal.
Por: Cristina Hormilla Castro
18/09/2020

Gracias por tu lucidez y compañía.
Gracias por todo!
LikeLiked by 1 person
Mi Zule gracias a ti por tu sincero cariño.
LikeLike
Muy interesante y real amiga esta reflexión y estoy de acuerdo contigo, ojalá todos los padres tuviéramos la posibilidad de ayudar de esa forma a nuestros hijos. Claro que se lo merezcan, pues algunos te exigen como si fuera una obligación y creen que se lo merecen todo, y hasta a veces después de ayudarlos arrinconan a los padres. Si pienso que mientras puedas en vida debes ayudarlos y no simplemente espera a que me muera y hereda. Gracias amiga por tus crónicas. Besos
LikeLike
Mi amiga me refiero y aclaro que se trata de los padres que puedan hacerlo, aquí en Cuba es imposible lograr una vivienda por medios propios. Muchos hijos correctos y estudiosos, trabajadores pudieran beneficiarse si los ayudamos. Si nos arrinconan depende mucho de nosotros, dar espacio de la misma manera que defendemos los nuestros. Sé que eres de las hijas que pudiste construir tu nido y luchas por ayudar a tus hijas. Sin dudas si tuvieras la posibilidad no lo dudarías. Tranquilidad para todos. Un abrazo
El mar., 29 de sep. de 2020 11:22, Crónicas de Cristy escribió:
>
LikeLike