Todos estamos llenos de deseos, unos alcanzables, otros, sin posibilidades reales de éxito. Desear cosas es innato del ser humano, mientras no lo convirtamos en necesidades. Los términos son diferentes. Tenemos necesidades básicas que suplir, alimentarnos, por ejemplo, es una de ellas. Sin comida, no sobreviviremos, pero a veces confundimos los términos.
Es agradable disfrutar de comodidades en nuestros hogares, tener un TV, una lavadora, un refrigerador, entre otras, nos hacen más placentera la vida. Sin embargo, algunas personas que no tiene muchas posibilidades económicas, se aferran a perseguir objetos que no son tan realizables para su “bolsillo” ni tan indispensables para su vida, convirtiendo ese deseo casi en una obsesión. Hay quienes contraen deudas gigantescas que le generan ansiedad y estrés. Entonces me pregunto, a ese costo ¿Vale la pena? El desatino en abarcar más y más cosas materiales se convierte para algunos en una curva en ascenso, una vez logrado uno de estos tan mal llamados “importantísimos para vivir”, ahí al ataque al próximo, si se les rompe el equipo u otra cosa lograda en ese deseo, se tachan de “mala suerte que tengo, soy un desgraciado”. Olvidamos que también hay deseos espirituales que tanto bien reportan al alma, y al final son los que representan peldaños en la búsqueda de la felicidad interna. No cuestan tanto y son más persistentes en el tiempo. Nos pueden durar toda la vida.
Hay mujeres, no artistas de profesión, donde a lo mejor se justifica, que ya tienen 20 pares de zapatos diferentes y no les basta. Al final tenemos dos pies, no tantas oportunidades de paseos, casi siempre terminamos usando dos o tres, los más cómodos, los demás relegados al olvido en una zapatera, se llenan de polvo, algún día descubriendo que ya la suela de abrió por el calor y el envejecimiento, terminamos deshaciéndonos de ellos. Así mismo pasa con el vestuario, queremos escaparates llenos de ropas, y en la mayoría de los casos nos adaptamos a las que más nos ajuste al cuerpo, al clima. Se trata entonces, según mi modesta opinión, en ser más prácticos y centrarnos en los deseos alcanzables y duraderos, los del espíritu.
No estoy en contra de la evolución de las familias, pero se debe poner coto a esas insaciables necesidades que nos inventamos, que no son más que deseos.
Conozco personas que, de no usar algún equipo electrodoméstico, hasta se le echan a perder, parecen cuadros decorativos muchos de ellos, de elevado precio seguramente.
Cada día veremos en las revistas y los anuncios, nuevos modelos diseñados, más lindos, de cualquier cosa, nos dicen que más eficientes, y ahí nosotros corremos a desearlos al instante, si se trata de una olla arrocera, la que teníamos hasta el momento que nos funcionaba perfectamente, la miramos, y ¡ah, que vieja, fea! (aunque no lo sea tanto), nuestros esfuerzos, directo a ver de qué manera compramos “la última” en el mercado. Lo que olvidamos es que esta del momento, dentro de muy poco, ya no será la óptima, quizás desde que la construían, ya estaba el pensamiento de la nueva versión que propondrían. La sociedad de consumo, si no ponemos un freno en nuestras mentes, nos consume.
Lo mismo pasa con los teléfonos celulares, cuando mis amigas a veces me ven con un “Blue”, me comentan, – pero esa marca no es muy buena, deberías comprarte uno mejor, un Samsung, LG, por ejemplo. De que los hay mejores, no lo dudo. A mí hasta hoy me ha resuelto todas las necesidades básicas para comunicarme, tan bueno es, que un día se me cayó en la taza del inodoro, lo coloqué por 2 días en una lata con arroz, y el nombrado “malo”, funcionó a la perfección. Es el que me permite hoy comunicarme con ustedes. Si un día se rompe definitivamente, entonces, trataré de comprarme, si puedo, otro de mejores prestaciones. Avanzar es bueno, pero en el tema de la tecnología que va a un ritmo impresionante, hay que ser más objetivos, la economía no nos da para tanto a la mayoría, constantemente también las computadoras se modernizan, cuando vienes a ver, para escribir textos, ver videos y fotos, deseas comprarte una con procesador I7. Al final desperdicias sus ventajas a muy alto costo. Los que programen sistemas, la utilicen para juegos que exijan mucha memoria de video, les resulta, sino, es un gasto innecesario para otros.
Confundimos en función de lograr felicidad, la búsqueda insaciable de objetos materiales. Hay tantas maneras para ser felices que apenas cuestan. Los libros, poderosos amigos de todos, están ahí, a la mano, en las librerías, en nuestras casas o en la de algún amigo que está dispuesto a prestarlos. No nos lleva grandes gastos de dinero, y a veces ninguno. Hoy los encontramos en Internet, valiosísimos textos, libres de costo, en ocasiones no priorizamos el deseo de superación, de convertirnos en seres más libres de pensamiento. Asociamos la mayoría de insatisfacciones y cargamos como “infelicidad”, a meros objetos materiales.
Si tenemos el alma llena, necesitaremos menos afuera. Entonces, queda buscar, perseguir, no desanimarse en el empeño y descubrir, específicamente, qué nos serviría internamente para ser más felices.
Aliémonos a fuerzas superiores del bien espiritual, ese que suple otras carencias. Así empezaremos a encontrarnos con lo que nos rodea, mirar lo que ya tenemos, y sacarle el mayor partido. Allá afuera hay muchos, innumerables objetos materiales bellos, resplandecientes, de todas las gamas y colores. El comercio no parará en su empeño de mostrar un mundo más lindo en anuncios, pancartas, todas campañas bien estudiadas, directas a que corramos a consumirlo. La decisión es nuestra, detengámonos, pensemos si realmente lo necesitamos para ser felices. Se nos va la vida en la carrera de satisfacer excesivos deseos externos, en detrimento del tiempo necesario para la búsqueda de alternativas más eficaces, que alimenten nuestro crecimiento individual. De otro modo, al final, seguiremos insatisfechos.
Por: Cristina Hormilla Castro
03/09/2020

Muy cierto amiga, ojalá que muchas personas pensaran así o al menos que hagan ese analisis para que vean que la vida es mas llevadera sin tantas cosas materiales. Un beso
LikeLike
Coin se nos va la vida en empeños y batallas materiales. Son importantes pero sin detrimento de la razón de la existencia. Lo necesario y si es posible un poquito más, si se puede y sin estrés. Mira ahora todos confinados y al final si tenemos el alma vacía entonces de nada vale.
El vie., 25 de sep. de 2020 12:06, Crónicas de Cristy escribió:
>
LikeLike
Qué bien escrito! Sobretodo, que bien pensado!
Orgullosa de ser parte de los tuyos!!
LikeLike
Gracias mi Zule querida. Yo a tí te veo ejemplo de persona que sabes disfrutar lo que la vida te va regalando, más que los objetos valoras sobre todo el crecimiento del espíritu. De eso se trata. Estar con el alma llena y por supuesto soñar y desear mejoras materiales es de humanos, pero no la única y principal razón de ser. Besos.
LikeLike