Internet y las redes sociales.

Soy de las convencidas de que nuestra generación disfrutó de inmensos regalos por coincidir con ellos en el tiempo durante la etapa de la niñez y la juventud. Juegos al aire libre, la lectura de libros impresos, que compraban nuestros padres y nos motivaban a leer, y así pudiera mencionar varias cosas buenas que recibimos y contribuyeron a lo que hoy somos. Sin embargo, no dudo que esta nueva generación puede armarse de nuevos conocimientos, jamás tan al alcance de la mano, gracias a la bendita revolución de la Internet. La veo como un puente directo al conocimiento, nos ofrece una enorme cantidad de herramientas, que si realizamos una navegación selectiva y responsable por la red de redes tenemos en nuestras manos un auténtico tesoro.

Recuerdo que cuando trabajaba en el CECAM (Centro de Cibernética Aplicada a la Medicina) fue donde empecé a descubrir, todavía sin entender toda su grandeza y posibilidades, esta telaraña virtual que se avizoraba como conquistadora del mundo. Nada más cierto y asombroso pudo suceder. Poco a poco iban creciendo y perfeccionándose los sitios web y los interesados en aprender soñábamos con poder acceder a esta realidad que ya disfrutaban en muchos países, no así en el nuestro.

Con paciencia y añoranza esperamos el cuento de “Ciencia Ficción”, del que nos informaban los que en sus viajes al exterior la conocían. Al fin dejamos de percibir a esta joya de la sabiduría humana como un “enemigo”, y los cubanos ya hoy navegamos por sus páginas dependiendo de los intereses personales.

Este gigante virtual, en mi opinión, es como la llamada “vida callejera”, en cualquier país. Ahí podremos encontrar absolutamente de todo, informaciones buenas y otras muy malas. Sitios del saber, otros de sexualidad, redes sociales, cursos para aprender lo que se te ocurra, y, por tanto, cae en la responsabilidad individual y en la decisión de cada internauta acercarse a lo positivo o negativo. En nuestras calles también hay lugares muy tranquilos, lindos, donde caminamos despejados de sustos, y otros, que sabemos que existen, la droga, por ejemplo, es uno de ellos, pero convencidos de su maldad, si no lo deseamos, llegamos a la muerte sin conocerlo. Por supuesto, en Internet, es más peligroso por lo fácil que lo puedes encontrar, está todo al alcance de un clic. De ahí el llamado a ser más cautelosos con su uso.

Un ojo abierto, dos, tres, y más si son necesarios, los padres deben tener para fiscalizar y restringir accesos a sitios no adecuados para sus hijos que, en plena etapa de formación, pueden caer en tentaciones. Se trata pues de responsabilidad individual y de sacar partido de manera correcta a este recurso.

Quiero detenerme en las redes sociales. Hay quienes las odian, todo en ellas lo ven negativo. Esta dista de ser mi opinión. El concepto es muy positivo, el mal uso de ellas si nos puede jugar malas pasadas. Gracias a Facebook, Twitter, Instagram, los ciudadanos pueden comunicarse con sus familiares y amigos con independencia del lugar físico en que se encuentren. Los artistas, los profesionales y aficionados comparten sus obras y pueden abarcar públicos internacionales de este modo. Por las redes he reencontrado amigos de la infancia la juventud que ya creía perdidos para siempre.

Ahora bien, es preocupante cómo también las redes sociales se convierten a veces en medios agresivos, donde se canalizan impulsos negativos de sujetos en contra de otros. Repugnante y bochornosa actitud. En vez de utilizar estos medios para hacer el bien, lo utilizan para faltar el respeto, en la mayoría de las ocasiones por el simple hecho de no coincidir con un criterio o la manera de ver la vida de otro. No pierdo la esperanza y decido confiar en que alguna vez las personas actuemos como seres sociales cuerdos, con medidas en las reacciones, donde primen las maneras pacíficas de comunicarnos, y entendamos que lo normal es que discrepemos porque somos diferentes, pero ninguno tiene la verdad absoluta, es nuestra verdad y sólo eso. Otros pueden tener otras verdades, tan valiosas como las nuestras.

Los desarrolladores con mucha sabiduría parece que avizoraron la realidad y programaron la posibilidad de “Bloquear” a otra persona. Es más fácil así, – No te interesa escucharlo ni leerlo- Un clic y “Bloqueado”. Sería ideal que cambiáramos las ofensas que hacemos por estas vías, donde no damos directamente la cara y lógicamente se hace más fácil, por opciones como esta. Habría que ser muy utópicos para creer que todos estaremos de acuerdo con todas las publicaciones que veamos, hay diferencias de credos, de ideologías, de idiosincrasias, pero si te interesa el tema y deseas debatir de manera respetuosa pudiera resultar muy interesante y productivo, esa es la idea del crecimiento para bien, mas, sólo con buenos modales y comprensión de la libertad de expresión que debe ser el derecho por el que todos luchemos.

¡Bienvenida la Internet y las redes sociales a nuestras vidas! Tanto dentro o fuera del mundo digital interactuemos con respeto. En ambos escenarios las ideas de todos jamás coincidirán al cien por ciento, es la maravilla de la naturaleza, que nos regaló rasgos comunes, pero muchas diferencias. Sin embargo, la capacidad de decidir cómo actuamos es privilegio de todos. Usemos las emociones para canalizar el amor y actitudes positivas entre los seres humanos que nos hagan sentir orgullo por nuestra especie.

Por: Cristina Hormilla Castro

21/10/2020

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