Los que se van y no anuncian su partida

A lo largo de mi vida he estado rodeada de muchas personas, responde a varios cambios de trabajo, parejas, viajes, en fin, me he movido en diferentes entornos. Algunos hasta hoy me acompañan, amigas desde los 5 años están presentes activamente en mi día a día. Pero otros y otras han partido y en varias ocasiones sin avisar. De esos quiero hablar.

No me refiero a los que pasaron a otra dimensión superior porque la muerte se los llevó muy jóvenes y cargados de sueños por realizar. De esos sólo podría escribir desde el dolor profundo y no entran precisamente en esta mirada.

Disfruté mientras estuvieron esos a quien consideré amigos, y me expando más, mi propia familia, con lazos de sangre cercanos que un buen día sin explicaciones se esfumaron de mi vida. No creo que los amigos siempre tengan que coincidir, que no haya disgustos entre ellos, es tan amplia y diversa la individualidad que sería imposible que no sucedieran historias incongruentes entre los seres humanos. Pero cuando las intenciones después de las contradicciones son hacer prevalecer lo bueno y el amor, hay que sentarse y hablar frente a frente sin miedos y si es necesaria una despedida pues hacerla dignamente. No obstante, cada ser humano es diferente y actúa según sus códigos. Mentiría si no confesara que por buen tiempo sentimientos de tristeza, registro de acciones mías inconscientes y desconocidas que pudieran ser causa del distanciamiento venían recurrente a mis pensamientos. En ocasiones fui al encuentro sin hallar respuestas. Nada más duro que desconocer los por qué de las cosas. Pero el tiempo lo cura casi todo y felizmente llega un instante de “stop”, y decides poner punto final a esas emociones negativas. No pretendo ver esto desde el resentimiento y la herida. Sólo sacar como conclusión que nada ni nadie es para siempre. Lo que vivimos de felicidad y amor junto a esos distantes hoy, lo disfrutamos, lo gozamos y quedó ahí guardado en los recuerdos bonitos cuando estaban presentes.

La amistad es preciosa, yo soy privilegiada porque cuento con verdaderos amigos; así lo siento y me lo han demostrado. Unos más presenciales, unos más alejados por la geografía y la vida misma, pero ahí estamos con un hilo invisible que va de corazón a corazón. Pienso que hay que cultivar el amor entre amigos, regarlo. Lleva también sacrificios si se requiere, hay que llamar por teléfono sólo para escuchar su voz y decirle que lo extrañamos, hay que dormir en un sofá y darle la cama si lo necesita, escucharle sus historias a veces sin que llegue esa llamada en el momento más adecuado para ti. Soy atea y para acompañar a una amiga he participado en bautizos cristianos y a veces en un toque de tambor. Ninguna creencia, ningún punto de vista diferente debe mediar en la amistad. No hay que sacar cuentas tales como, “pero es que no me llama”. Dejemos la competencia sobre quién se comunica más, si lo extrañas y puedes, levanta el teléfono y hazte sentir. No todas las personas somos iguales, hay algunos que debemos ser como el líder de la unión, y vale la pena porque el resultado es gratificante. Yo abogo por el deseo de que todos nos sintamos acurrucados en el alma. La familia no se escoge, pero los amigos sí. Y si ya lo elegiste por algo será, no dejamos entrar al alma a cualquiera. Luchemos por elevar ese sentimiento.

Gracias a los amigos que estuvieron alguna vez. A los que están hoy repetirle que los amo y extraño.

Por: Cristina Hormilla Castro

18/08/2020 18:39 pm

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