
¡Mi perro es el más bello del mundo! ¿No lo creen? Es un pequinés carmelita, con la carita de esos que parecen viejitos desde pequeños. Ahí mismo mi amiga diría – ¡Qué atrevida! El mío es el más lindo del mundo. Tanto ella como yo tenemos todas las razones para asegurarlo, porque el concepto de “belleza” es personal. No tiene patrones predefinidos.
Ser “bella” o “bello” depende de los ojos con que se mire. Es un complemento de miradas, unidas a sensaciones y emociones.
Yo viví un tiempo en Suiza, un país limpio, organizado, silencioso, con flores en los balcones, paisajes de ensueño. Toda una hermosura. Tuve un período de encantamiento, luego ya recordaba y añoraba tanto mi terruño que empezaron a funcionar los ojos del alma. El concepto de belleza apareció ahora asociado a mi hogar, mi hija querida que tanto extrañaba, mis vecinos, el olor de la mañana, el sol ardiente en mis balcones, el ruido de mi ciudad.
Y es que lo bello es más que un adjetivo de lo perfecto. La belleza suma también sustantivos como el amor, la confianza, la entrega, la pasión.
Hay que respetar cada concepto de lo hermoso.
He visitado casas lujosas cargadas de cuadros, figuras, casi no hay espacios ni para ver el color de las paredes y, cuando alguien decora su vivienda así, sin duda debe ser porque disfruta ese tipo de belleza. A mí en cambio me ahoga, ya no puedo disfrutar ni las piezas valiosas que muestra porque son tantas que me atormentan. Seguro si esa persona llega a la mía, sencilla, con pocos adornos y más luz, por lo blanco de las paredes, dirá – “Qué pena, el desperdicio de paredes lisas, cómo se verían de linda más decoradas”.
Y así es todo, según sintamos emociones, veremos algo más o menos bello, dependiendo de nuestra reacción interna.

Se trata entonces de “Respeto”. Cada persona debe tener la absoluta libertad de disfrutar lo que considere bello desde su prisma interior. A los demás, nos queda observar y, si no coincidimos, callar y no juzgar, porque todos somos diferentes.
Mi amigo Máximo ahora está viviendo el encantamiento de su nuevo cachorro, para él no hay perro más hermoso en el mundo y está en lo cierto.
Seamos bellos por dentro. Lo externo es consecuencia de ese “yo” interno. Por eso podría decir “Mis hijas son las más lindas del mundo”. Estoy acertada, es la belleza desde mi mundo interior, válido para cada madre que tiene los hijos más hermosos del mundo. Nada puede, ni debería, cuestionarle esa gran verdad.

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