Cuando llega el final…

Todo comienza y termina. Casi todas las cosas en la vida al pasar el tiempo tienen un final. Hasta la vida misma culmina, al menos, en su parte biológica. El espíritu puede quedar impregnado en la memoria de otros por períodos indeterminados. Hablemos pues de algunos finales que nada tienen que ver con la muerte.

Las relaciones de parejas comienzan en su mayoría por amor. El sentimiento más puro y a la vez contradictorio, puede ser muy fuerte y también muy frágil. A veces un gesto, una frase, una acción mal ejecutada, da al traste con la unión, si esta no ha creado los cimientos fuertes, capaces de resistir ciertas tempestades, si falla la comunicación adecuada, o no ponemos todo el empeño en su solución, se rompe.

Cuando llega el final en muchas ocasiones, amparados por el dolor, la ira, se opacan los cristales de los espejuelos graduados que hasta ese entonces funcionaban bien, y nos invalida para alejarnos en paz, como debiera ser. Al pasar el período de luto y la parada necesaria en el tiempo, muchos logran después continuar en el camino como amigos, o quizás sólo como dos personas que compartieron momentos de felicidad y llegan a comprender que los puede unir para siempre el cariño que se profesaron en función de las historias vividas. Por supuesto, esto se logra si las separaciones no se basan en faltas de respeto ni en violaciones de principios éticos y morales, si es así se dificulta el reencuentro y por lo general se torna irreversible el regreso de la comunicación.

Apoyo la idea de no albergar rencores, es un sentimiento negativo, que afecta más al que lo padece que a la otra persona involucrada. Si el vínculo además se acompaña de hijos, la situación se torna más compleja y precisa de pensamiento fríos, tranquilos, que permitan entender que la decisión tomada incide en esos seres amados del que fuimos responsables en la elección de sus progenitores. Tantos traumas de la infancia cargan almas asociados a divorcios mal manejados, que sin intenciones premeditadas afectaron el normal desarrollo psicológico en plena etapa de formación.  

Cuando somos padres de hijos adultos, que ya tienen parejas, y ellos deciden dar punto final a su relación con el absoluto derecho de hacerlo si no son felices, también nos vemos implicados sentimentalmente en estos actos. Con frecuencia asumimos a nuestras nueras y yernos como nuevos integrantes de la familia, llegamos a quererlos de corazón. Un buen día se nos anuncia el fin y es muy común que hasta nos pidan que a la misma velocidad que ellos nos desprendamos de esa relación sentimental de golpe. Olvidan entonces que nuestro vínculo era desde otro rol y no funciona para nosotros el final así tan precipitado porque en muchas ocasiones para nada responde a malas acciones de ese ser humano. Por lo que hay que ser consecuentes y no precisar que los “otros” envueltos en la relación de manera colateral abandonemos el amor con sujetos que quizás nunca nos fallaron sentimentalmente tal como si de quitarse una camisa se tratara. Es por acciones de este tipo que a veces reaccionamos con frases como: “Ni uno más, no quiero conocer más novios o novias, después que le coges cariño, ya desaparecen para siempre”.

Nos guste o no, es la vida, y de nuevo llegará otro u otra, que no tiene por qué cargar culpas ajenas, y lo aceptamos, y le damos la bienvenida porque es lo normal para vivir en armonía. Lo feo es cuando esos a los que ya llegamos a considerar parte de la familia, si les llega el momento del adiós, se despiden también de los otros miembros que lo acogieron y le abrieron las puertas de su hogar con todo el amor del mundo. Algunos no actúan así, pero hay quienes nunca más levantan ni un teléfono para saludar a esos ex suegros y ex suegras, que tanto cariño le ofrecieron en un momento de la vida.  

Si las olas ya se hacen gigantes y la tormenta es inminente, impidiendo la salvación de la relación, por favor, entonces hagámoslo a tiempo, no dejemos que termine abruptamente. Despidámonos en paz, evitemos los silencios, seamos sinceros y afrontemos las despedidas. Nunca será fácil culminar una historia de vida de dos individuos que se amaron. Pero las parejas son de dos, basta que uno no desee seguir montado en el mismo bote por la razón que sea para que el otro asuma, aún con el dolor, y acepte la realidad del suceso, al menos por respeto a su pareja y a sí mismo. Solo el paso del tiempo curará las heridas y uno será el más dolido, no hay de otras, pero pasa y quedará en el futuro como un recuerdo más. Intentemos evitar finales grises y complejos.

Felicidades a los privilegiados que encuentran parejas afines, que a pesar de las diferencias, son capaces de superar las contradicciones y seguir unidos con las fuerzas que da el amor. A esos quizás no les lleguen estos finales, aunque mucho empeño han de poner para mantener la llama de la pasión viva a pesar de los años, dibujar nuevas maneras de amar y compartir la vida. Es lo añorado pero difícil de conseguir.

Por: Cristina Hormilla Castro

29/10/2020

6 thoughts on “Cuando llega el final…

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  1. Y de todas maneras siempre hay un final porque nada es eterno, solo hay que estar preparados para cada uno de ellos y lo más importante, para un nuevo comienzo, cada vez…

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    1. Glory la vida es complicada, las despedidas siempre son desagradables, lo ideal sería terminar en buenos términos y poder avanzar después con buenas relaciones. No lo logramos en todas las oportunidades.

      El vie., 30 de oct. de 2020 22:59, Crónicas de Cristy escribió:

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