Deleitándome con la serie “The Crown”, “La Corona” en español, acabo de descubrir el gran error que llevo arrastrando en mi mente con el significado de la palabra “Reina”. Me sentía halagada y orgullosa cuando escuché sobre todo a mis amantes la gastada frase “Eres mi reina”. Es que con ese sustantivo asociaba a la felicidad, a la grandeza y al crecimiento humano. En nada se parecen estos estados de ánimo a la realidad. Ser reina implica renunciar a tu yo y convertirte en esclava de los demás aunque parezca una paradoja. Tus instintos y deseos se ven relegados a un plano inferior en función de lo normado y estrictamente concebido por patrones monárquicos. Tengo grabada la imagen de esa joven reina Isabel extenuada de tantos viajes que alguien programó para ella, con intereses nada personales, sufrir adolorida porque un músculo de su rostro se inflamó de tantas sonrisas forzadas y acudir a una inyección antiinflamatoria y relajante que le permitiría continuar realizando gestos de alegría a costa de no mostrar una cara seria y afligida por la dolencia.
Nada parecido a mis deseos. Quiero mostrarme tal cual soy, reflejar mi tristeza, alegría o simplemente enfado si lo siento. Amar sin reparos y elegir el derecho a equivocarme, continuar, sacar experiencias y quién sabe si humanamente volver a cometer el mismo error sin abochornarme. Guardar silencios si las palabras que pronuncie no reflejarán mis verdaderos sentimientos y me convocan a reservarlas como secretos, de esos íntimos que cerramos con llaves en el baúl de las entrañas.
Prefiero ser un hada, de esas rodeadas de fantasía que revolotean en los aires con varitas mágicas y se asocian al bien, a cumplir deseos y metas de personas necesitadas de fuerza externa que las convoque. A veces creo que llegamos a esta vida terrenal con objetivos definidos en el camino. Me parece que voy cumpliendo tanto como puedo mi razón de ser. Son mis hombros el apoyo a los míos y mi espíritu el que se alza para impregnar optimismo y sacar luces en la oscuridad. Lucho por no perder la alegría y batallo cuando las circunstancias me superan el alma. Disculpo a los que pasan sin dejar buenas vibras y espero tranquilamente a su regreso si es su deseo. No juzgo actitudes consecuencias de impulsos. La calma me acompaña.
Entonces, nada reina, sólo hada imaginaria y mujer terrenal es lo que soy. Tampoco quiero ser princesa ni tener títulos nobiliarios. Nada más alejado de la felicidad y la verdad que tamañas categorías. No quiero un rey ni nadie que doblegue la cabeza ante mí. Sólo almas libres capaces de actuar en correspondencia con su verdad serán el patrón en el que quiero verme reflejada.
Que el amor a sí mismo sea la bandera que defendamos y el respeto a nuestra individualidad se convierta en el motivo por el que estemos dispuestos a luchar, si alguien creyéndose rey o reina equivoca el rol en lugares donde la monarquía felizmente nunca existió. No permitas inyecciones que disimulen tu dolor. Si lastima y tu rostro se acongoja muéstralo tal cual. Al menos esa ventaja tenemos los que no pertenecemos a la realeza.
Por: Cristina Hormilla Castro
29/05/2021

Vi la serie en mi visita a Argentina, me gustó mucho, y coincido contigo en no querer ser reina. Sigue escribiendo, se te da muy bien . Te quiero mucho
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Glory esa vida de tantas ataduras
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Glory esa vida de tantas ataduras me parece no hace que las personas sean verdaderamente felices. Sólo el deber y los compromisos establecidos permitirán seguir adelante. Prefiero la riqueza no de las coronas sino esa que te hace crecer por el alma limpia. Gracias como siempre por tus comentarios y por estar en mi vida.
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