Muchas ganas de escribir y poco tiempo para hacerlo ha sido mi realidad en los últimos meses. Tengo tantas cosas que contar de mis andares que, a veces, me descubro elaborando textos e ideas en mi cabeza, ansiosos por que decida plasmarlos y compartirlos de una vez. Hoy me decido a hacer un paréntesis y hablarles de este momento de vida que, con 60 años a cuestas, me resulta interesante y digno de dejar constancia.
Hace exactamente un año y once meses emigré a Estados Unidos para vivir en la ciudad de Miami junto a mi hija mayor y mi preciosa nieta. Hoy me detengo en el punto actual en el que me encuentro. A esta etapa va dedicado este escrito.
Durante los últimos ocho meses trabajé como cajera en uno de los supermercados más grandes de la ciudad de Miami. El Walmart Supercenter ubicado en la 32 Avenida y la 79 St del Northwest —una de las tiendas que recibe diariamente más clientes en la zona— fue mi centro de trabajo.


Como siempre trato de encontrarle amor a todo lo que hago, y contra todo pronóstico, aseguro con honestidad que este lugar, que en ocasiones se tornó estresante para mí debido al tipo de trabajo, lo recordaré siempre como un sitio donde laboré con entusiasmo y placer, en gran medida gracias a las compañeras y compañeros con quienes compartí, muchos de ellos de sangre latina.
Hay rasgos comunes que nos unen y hacen que nos animemos y apoyemos en una labor tan dura. Los horarios nocturnos, algún que otro dolor en alguna parte del cuerpo, el desánimo por momentos cuando recibimos una mala respuesta o la incomprensión de algún cliente, así como la añoranza por los seres amados que no tenemos cerca, son motivos suficientes para abrazarnos entre todos y construir una barrera de cariño capaz de hacernos más fuertes y resistentes cuando la hostilidad y la nostalgia quieran ganarnos.

A pesar de esa frase que escuchamos reiteradamente —que a los centros de trabajo no se va a hacer amigos—, yo soy, a lo largo de mi vida, un vivo ejemplo de que es precisamente en esos lugares donde más me he nutrido de amistades que perduran en el tiempo. Nunca me niego a abrirle espacio en mi corazón a personas valiosas que descubro en el camino.
Hoy puedo afirmar, con orgullo, que atesoro de este período de vida nuevas amigas que estoy segura de que me acompañarán en lo adelante. Ha sido un privilegio compartir junto a mujeres valiosas de Nicaragua, Honduras, República Dominicana, Venezuela y Cuba; todas luchando por el mismo objetivo: avanzar y abrirse camino en este gran país.
Orgullosa de nuestra herencia, descubrí que es muy cierto que los latinos somos un colectivo entusiasta, trabajador y solidario. Nos distinguen rasgos comunes donde la alegría y el buen humor ocupan un lugar esencial.
La emigración no es una diversión. Quienes llegan aquí cargan sobre sus espaldas historias de vida difíciles, en la mayoría de los casos. Para mí, esta ha sido una etapa llena de lecciones de vida. Escuché historias tan interesantes y diversas que conmovieron mi alma, porque vivir lejos de los seres queridos y asumir la responsabilidad de no fallar para construir un futuro mejor —pensando en la superación personal, pero sobre todo en ayudar a los amados— es algo verdaderamente digno de admirar.

Ante una nueva y mejor oportunidad, he comenzado otra etapa laboral en mi vida. Al despedirme de mis colegas sentí que mis sentimientos hacia ellos eran recíprocos. Nunca olvidaré las muestras de cariño y amor que recibí en cada mensaje, en cada audio y en cada abrazo.

Las lágrimas de mi Maide y de mi pequeña Anielka me las llevo en el alma. También esos encuentros improvisados durante el horario de comida, compartiendo entre todas, riéndonos o simplemente escuchando algún consejo, tienen para mí un valor incalculable.
De todo corazón les agradezco a todos el apoyo desde el primer día en que llegué a ese gigante centro comercial con muchas ganas de trabajar y donde, para mi propio asombro, logré superar el cansancio y cualquier momento desagradable, arropada siempre por la buena vibra y el buen humor que supimos mantener a pesar de los pesares.
Un abrazo inmenso para las Ileanas, la rápida María, la linda Katia, la entusiasta Nilemi, Cesi, Vivian, Orialis —la creadora de nuestro grupo de WhatsApp que nos mantiene en contacto—, Edelmis, la dulce Janet, Lisett, José, Leonila, nuestras Team Leaders Susana, Su, Vianka, María, Dana, Peter, Brenda, y especialmente para mi dulce Maide y Anielka, que sin dudas me las llevo para siempre.
Gracias, gracias y más gracias.
Sería larga la lista de compañeros a mencionar; estos son solo algunos nombres para ejemplificar. A todas les deseo que continúen buscando nuevas oportunidades de superación, que nunca se conformen con lo alcanzado y que se entusiasmen en dar pasos nuevos sin miedo, entendiendo que todo depende del esfuerzo, de la constancia y también de darle a cada etapa el tiempo necesario, siempre buscando lo positivo.
Hace ya tres meses que escribí este texto y me debía publicarlo. Hoy no lo dilato más porque deseo que llegue como un regalo de Navidad para todas mis amigas, para que constaten que queda plasmada en mi blog personal la huella de amor que han dejado en mi corazón.
Nos veremos muy pronto, el 25, para festejar juntas y brindar por las cosas bellas de la vida, entre las cuales la amistad ocupa uno de los lugares más hermosos.
Gracias por ser tan especiales y diferentes. Una vez más queda demostrado que en la unión está la fuerza.
Bravo, chicas.
12 de diciembre de 2024

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